Por: Lilia Zavalza Zambrano
Como parte de las actividades por los cien años del Periódico «El Universal», la Fundación Ealy Ortiz, el Instituto de Las Américas y el Instituto Ortega-Vasconcelos de México, invitaron a alumnos de la maestría en Comunicación Estratégica para Gobiernos e Instituciones a participar en un concurso de reportaje especializado. El primer premio consiste en asistir al 31° Taller Jack F Ealy de Periodismo Científico Edición Latinoamérica, San Diego 2016. que se impartirá en la Universidad de California del 21 al 25 de junio de este año. Este fue el reportaje ganador.
Nezahualcóyotl, Méx.- Desde 1980 el Bordo de Xochiaca fue sinónimo de basura, cascajo, fauna nociva y contaminación visual; era el punto de reunión de camiones recolectores del Distrito Federal, ahora Ciudad de México, y de municipios cercanos, como La Paz. Los habitantes de Nezahualcóyotl sabían que a ese lugar llegaban los burreros, grupos de recolectores de basura que recorrían las calles del municipio para recoger los desechos sólidos de la población.
Ese panorama cambió con la llegada del nuevo milenio. La tecnología ambiental y la necesidad de cuidar el entorno se hicieron presentes en el tiradero Neza 1, que tenía una superficie aproximada de seiscientos mil metros cuadrados.
Vecinos de la colonia El Sol, Virgencitas, Las Flores, Estado de México y parte de Benito Juárez, sufrían las consecuencias de vivir cerca del basurero; enfermedades de la piel y vías respiratorias, fauna nociva como ratas, mosquitos, moscas y hasta víboras.
Ellos tuvieron que aprender que los lixiviados, producidos por la descomposición de la basura al tener contacto con agua, se filtraban por el subsuelo y llegaban a contaminar cisternas, este problema se presentaba principalmente en la colonia El Sol, la más cercana al tiradero Neza 1 y el dren Xochiaca que pasa por los límites del tiradero.
Hay que recordar que Nezahualcóyotl recibió a todos aquellos que buscaban una oportunidad de trabajo y la industria de la basura no cerró sus puertas a nadie. En esta localidad el autoempleo y los emprendedores se volvieron una característica, cada casa era un taller de maquila, lo importante era obtener un ingreso para pagar los terrenos y tener una mejor calidad de vida; la ecología y los problemas de salud originados por la contaminación, la cercanía del tiradero y las aguas contaminadas no eran relevantes.
La gente aprendió a vivir padeciendo conjuntivitis, dermatitis, enfermedades diarreicas, desnutrición, amibiasis y parasitosis, algunas eran tratadas de forma empírica, con remedios caseros.
El Bordo de Xochiaca fue dividido en tres tiraderos; el Neza 1 y 2 ya fueron cerrados, el tercero únicamente se utiliza como zona de transferencia en la que los pepenadores laboran día y noche.
Una mirada al mundo de la pepena
Conforme pasaron los años, los hijos de los primeros pepenadores mantienen la tradición familiar de la pepena y recolección de basura, pero ahora lo hacen en el tiradero Neza 3. La entrada se encuentra en avenida Bordo de Xochiaca y Vicente Villada, sitio al que llegan, de acuerdo con el alcalde Juan Hugo de la Rosa, 1,200 toneladas de basura al día.
En este lugar se mantiene abandonada, desmantelada y sin uso, las instalaciones de lo que iba a ser una planta recicladora de basura, cuyo objetivo era dignificar la labor de los pepenadores. Los empresarios que participaron en el rescate del Neza 1 donaron la maquinaria.
María Félix, nació en Michoacán, es madre de siete hijos, con los que vive en un cuarto que renta en el municipio de Chimalhuacán, paga 700 pesos mensuales, que debe obtener de la pepena.
Como muchos, ella llegó con sus padres a estas tierras en busca de una oportunidad, un lugar para vivir y trabajar: “Llegamos por otras personas, mi papá me lo dejó como herencia trabajar en la basura, es un lugar donde puedo chambear sin problema”.
Otro caso es el de Angélica Baltazar, que se inició en la recolección de basura a los ocho años cuando su abuelo compró un terreno cerca del Bordo de Xochiaca.
“Ahora la basura ha disminuido bastante, antes no nos asoleábamos tanto ya que había más cosas que recolectar y terminábamos más rápido; ahora tenemos que esforzarnos lo doble o lo triple porque hay más compañeros y los camiones del ayuntamiento se quedan con la mayor cantidad de basura”. Contrario a lo que la gente piensa, que uno vive bien de la basura, “nosotros vendemos material cada tres o cuatro días”.
“La necesidad me obligó a trabajar aquí, antes vendía chicles y pedía ropa en las casas, cuando llegué el trabajo se me hizo más fácil porque encontrábamos de todo, los camiones traían leche, cereal, jamón de ahí comíamos y eso nos apoyaba en los gastos”.
En esos tiempos construyó un jacalito en el que vivió muchos años, ella era parte del tiradero, sin embargo, siempre animó a sus hijos para no quedarse en este ambiente sucio, hostil, incluso agresivo, impulsándolos en el estudio. Se siente orgullosa de haber sacado adelante a sus hijos.
En 1981 cuando era presidente municipal Juan Alvarado Jacco, el Ayuntamiento firmó un convenio con empresas privadas como Comercial Mexicana, Aeropuerto y alguna institución como el Seguro Social para permitir el depósito de basura.
Alejandro Díaz Hidalgo señala que en sus orígenes el tiradero se encontraba en el camellón del Bordo, desde lo que ahora es Periférico hasta el rastro. “Había un socavón y ahí se tiraba la basura, en otro tiempo las máquinas hacían surcos y daban oportunidad de que el pepenador hiciera su trabajo”.
Al rebasar su capacidad, los recolectores fueron reubicados en la colonia Esperanza, pero su recibimiento no fue bueno: “El pepenador nunca es bien visto, entonces hubo problemas porque no querían basura cerca de las colonias, incluso hubo agresiones a pedradas o nos aventaban agua caliente”, esto fue entre 1977 y 1979.
Al comenzar la década de los 80 llegaron a los terrenos que ahora ocupa el Centro Comercial Ciudad Jardín y la deportiva. “Dentro de lo que ahora es esta zona comercial había una colonia, ahí vivíamos los recolectores, había iglesia, primaria, guardería; en total éramos como 600 familias y don Celestino logró que le dieran un terreno a cada uno de los pepenadores en la colonia Taltel en Chimalhuacán”.
Durante el liderazgo de Celestino Fernández, y su asesor, Armando Ayala Serna, se logró la reubicación al momento de anunciar la construcción de la ciudad deportiva, pero esta fue derrumbada con el proyecto de Ciudad jardín Bicentenario.
No obstante las facilidades de horario y de ingreso a esta actividad, tiene su parte difícil, por lo que lo consideran un trabajo rudo. “No cualquiera trabaja y se mantiene, incluso cuando abrieron la planta recicladora la gente no aguantó porque no estaba acostumbrada a los olores, al ritmo de trabajo y a manejar la basura”.
Entre las dificultades que una persona puede enfrentar al ingresar a este trabajo están los materiales infecciosos. Es necesario aprender a caminar y tener la condición suficiente para moverse entre la basura y evitar las agujas y desperdicios quirúrgicos que llegan a este sitio.
La ecología al servicio de la población
En 2004 los problemas de salud y ambientales comenzaron a agudizarse. En ese año GUCAHE, Corporación Inmobiliaria Integral, representada por Heberto Guzmán Gómez, presenta el proyecto integral de transformación del tiradero a cielo abierto Neza 1, muchos tenían dudas de que fuera posible transformar esos terrenos en un área ecológica.
El 29 de octubre del 2004 se emite el dictamen de congruencia del proyecto de Plan Municipal de Desarrollo Urbano de Nezahualcóyotl, publicado en la Gaceta de Gobierno registro DGC 001 1021, en la que se contempla el Proyecto de Ecológico de Ciudad Jardín.
Meses más tarde, en 2005, se da a conocer el proyecto de lo que sería Ciudad Jardín Bicentenario, y en el que participan las empresas IDEAL, Grupo CARSO y Wal Mart, entre otros.
Este complejo comercial, deportivo y ecológico representó un reto de ingeniería, ya que está construido sobre una superficie de seiscientos mil metros cuadrados de terrenos fangosos y de basura. Al momento del cierre, se estima que había enterradas más de 12 millones de toneladas de desperdicios; había cerros de hasta 24 metros de alto, el equivalente a un edificio de ocho pisos.
Para el tratamiento ecológico, el ingeniero Orlando Bastos, coordinador del proyecto Ciudad Jardín Bicentenario, explicó que durante ocho meses se analizó el tipo de basura, la profundidad, y el tipo de lixiviados generados.
Se hicieron estudios de topografía, geoeléctricos, pruebas de carga, análisis clínicos de lixiviados, estudios de cuantificación y composición del biogás, además sondeos con la población para identificar qué tipo de basura había, en este punto los resultados fueron muy variados, lo que implicó un mayor trabajo para garantizar la seguridad de la población al cien por ciento.
La sorpresa fue mayor al descubrir que gran parte de la basura no se veía, estaba hundida en el ex vaso del Lago de Texcoco, por lo que tuvieron que compactarla para diseñar en qué lugar se iba a construir el centro comercial, la ciudad deportiva, dos campus universitarios, uno para la Universidad Autónoma del Estado de México, y el otro para La Salle, también se destinó un área para el Centro de Rehabilitación Infantil Teletón y el edificio de La Judicatura.
Con base en los estudios se definió el tipo de equipamiento de succión de gas; se construyeron 120 pozos y equipos para succionar el biogás. Los compuestos químicos son gas metano y monóxido de carbono.
El metano influye en la generación del efecto invernadero y es 21 veces más contaminante; gracias al proceso de transformación a biogás pudieron entrar en el convenio del Protocolo de Kyoto.
En el proceso de saneamiento después de compactar la basura fue así; aparte de captar el geogas a través de los pozos, se rellenó la superficie total con tezontle y se colocó una geomembrana súper resistente que sirve de impermeabilizante, por lo que ya no hay paso del agua de lluvia con la basura, tampoco hay salida de gas y sobre la geomembrana se utilizó un geotextil elaborado a partir de Pet; en total fueron 30 millones de toneladas de botellas, que en su mayoría se obtuvieron del mismo basurero.
Para recolectar esa gran cantidad, se compraron botellas a los pepenadores y se les ofreció trabajo.
Después se colocó una capa de tepetate, tierra orgánica y composta proveniente de la basura y césped.
La basura representó una ventaja en la generación de energía, toda vez que al desprender gas metano se logró generar la energía eléctrica suficiente para iluminar el deportivo.
También se construyeron cuatro lagunas de captación de agua pluvial para el riego de la ciudad deportiva y abasto del centro comercial.
A finales de septiembre de 2008, el gobierno de Nezahualcóyotl dio a conocer que el proyecto “Ciudad Jardín Bicentenario” se encontraba entre los tres finalistas del premio internacional «Ciudad a Ciudad», que otorga la ciudad de Barcelona, España, en colaboración con el Centro de Investigación de Relaciones Internacionales y Desarrollo (CIDOB) y la organización Fomento de las Artes y el Diseño (FAD), a proyectos que con base en experiencias urbanas o acciones, públicas o privadas, acarrean efectos positivos para las ciudades y sus habitantes.
